El otro día hablaba con una amiga de algunos problemas, y ella me entendió perfectamente lo que le decía. Había pasado por una situación familiar y me comentó de un concepto que le encantó a mi psicóloga: el gemelo malvado.
Es esa parte que conoce cada rincón de nuestro interior, con el que compartimos cicatrices y que si vemos al espejo decimos "ahí estoy yo". Pero no conviene engañarse. Aunque efectivamente forma parte de nuestro ser resulta muy nocivo para el verdadero yo, aquel que busca vivir en la luz y no en la oscuridad, que prefiere pensar claro y dejar de repetir pensamientos negativos del pasado.
El gemelo malvado es muy bueno en eso, en susurrarnos frases, transformadas luego en gritos que, como sucede con la acústica de una cueva, retumban en nuestra cabeza y parecen no detenerse. Uno los escucha por años y llega a creérselos. Cuánto daño hace el gemelo malvado. Su influencia imposibilita que el otro hermano se proponga objetivos y los cumpla, que se sienta capaz de alcanzar deseos, o una vez que ya los ha logrado, no los valore y se ponga lentes oscuros para no ver.
Hace que las personas se acostumbren al maltrato y a la duda, que sientan a la depresión como el estado habitual, que no se concentren y que vivan en una constante lucha entre el miedo a la muerte y las ganas de abrazarla. El gemelo malvado tiene verborrea. Si el otro hermano está callado, él sigue hablando, porque no le importa ni su propia sangre. Provoca que afloren todas las inseguridades y hace sentir locas a las personas que lo poseen.
Al principio uno no distingue de dónde viene esa voz, pero si se detiene a escuchar un poco identifica su tono, velocidad y hasta las muletillas: siempre las lágrimas, el dolor, la añoranza y la desesperanza. Hasta que un día uno decida silenciarlo, expulsarlo de la casa para que encuentre su camino en quién sabe dónde. Sólo ese día la imagen en el espejo corresponderá plenamente a la realidad, la de alguien que quiere vivir a plenitud.
miércoles 12 de agosto de 2009
miércoles 29 de julio de 2009
Te recuerdo
Ayer volví a soñar contigo abuelo. Llegaba corriendo al apartamento donde vivimos en La Habana y te encontraba ahí, solito. Es curioso como nunca te ubico en Miami o en México, lugares donde también viviste, no, siempre en La Habana. Era en la mañana, la puerta estaba abierta y había mucha luz y fresco.
Estabas sentado en un butacón a la izquierda de la puerta. Te dije, con mucha agitación, que extrañaba a mi abuela, a mi mamá, a Camila. Que estaba un poco harto de mi vida y que me costaba trabajo vivir en una ciudad con tanta violencia como el Distrito Federal. Te pregunté si era así en todas las ciudades. Me desperté antes de escuchar tu respuesta y sólo recuerdo que me miraste con una sonrisa pícara, esa en la que no enseñabas los dientes, y en tus ojos vi lágrimas. Me besaste y me sentí tranquilo.
Estabas sentado en un butacón a la izquierda de la puerta. Te dije, con mucha agitación, que extrañaba a mi abuela, a mi mamá, a Camila. Que estaba un poco harto de mi vida y que me costaba trabajo vivir en una ciudad con tanta violencia como el Distrito Federal. Te pregunté si era así en todas las ciudades. Me desperté antes de escuchar tu respuesta y sólo recuerdo que me miraste con una sonrisa pícara, esa en la que no enseñabas los dientes, y en tus ojos vi lágrimas. Me besaste y me sentí tranquilo.
jueves 25 de junio de 2009
Vigilia
Sentado en tu boca me mecen tus ojos,
acaricio el placer de tus cejas dispersas
y justo cuando creo que está punto de terminar mi ensoñación,
tus dedos descifran los secretos de mi cuello,
que suda realidad.
acaricio el placer de tus cejas dispersas
y justo cuando creo que está punto de terminar mi ensoñación,
tus dedos descifran los secretos de mi cuello,
que suda realidad.
domingo 24 de mayo de 2009
La impermanencia (y no soy budista)
Los minutos son como el agua, no hay quien los detenga. A veces se escapan por un colador tan fino que ni me doy cuenta de ellos y los deperdicio. En otras ocasiones me esfuerzo por retenerlos en un recipiente, pero luego de un rato se evaporan. Sólo es posible guardarlos temporalmente por medio de la congelación en la memoria, en forma de recuerdos.
Mientras me enojo, río, camino, hago ejercicio, brinco, pienso, como, grito, bailo, ellos están allí, cayendo sobre mí en forma de una lluvia invisible que arruga mi piel, especialmente por sus componentes ácidos. Por más que use paraguas o ropa impermeable nunca permaneceré seco. Trato de atraparlos con mis manos y se escurren, igual me pasa si los bebo.
Especialmente cuando alguien cercano a mí muere, me toco la piel y me doy cuenta que está cada día más húmeda. Sé que en algún momento, mas no cuando, ellos me ahogarán y dejaré de existir. De ahí que cada vez piense con mayor insistencia en la mejor forma de vivir. Y llego al mismo lugar, a la orilla del océano. Voy perdiendo, aunque lentamente, el miedo al agua. Primero meto una pierna, luego la otra, después un brazo y siento la necesidad de vencer esa resistencia, de soltarme de las rocas y nadar. Con rumbo desconocido pero fluyendo, mojándome intencionalmente y no como un descuido. Sin miedo a empaparme y entendiendo que si bien abunda el agua salada, también hay otra muy dulce.
¿Cómo tratar de ir contra la corriente y luchar por estar seco si mi cuerpo es más agua que otra cosa? En cada célula está escrita la ley de dejarse llevar, de saber que hay un fin y al mismo tiempo un mientras. Los minutos no son algo ajeno a mí, sino que estoy hecho de ellos. Nunca podré saber cuántos tengo, pero sí elegir cómo los vivo.
Mientras me enojo, río, camino, hago ejercicio, brinco, pienso, como, grito, bailo, ellos están allí, cayendo sobre mí en forma de una lluvia invisible que arruga mi piel, especialmente por sus componentes ácidos. Por más que use paraguas o ropa impermeable nunca permaneceré seco. Trato de atraparlos con mis manos y se escurren, igual me pasa si los bebo.
Especialmente cuando alguien cercano a mí muere, me toco la piel y me doy cuenta que está cada día más húmeda. Sé que en algún momento, mas no cuando, ellos me ahogarán y dejaré de existir. De ahí que cada vez piense con mayor insistencia en la mejor forma de vivir. Y llego al mismo lugar, a la orilla del océano. Voy perdiendo, aunque lentamente, el miedo al agua. Primero meto una pierna, luego la otra, después un brazo y siento la necesidad de vencer esa resistencia, de soltarme de las rocas y nadar. Con rumbo desconocido pero fluyendo, mojándome intencionalmente y no como un descuido. Sin miedo a empaparme y entendiendo que si bien abunda el agua salada, también hay otra muy dulce.
¿Cómo tratar de ir contra la corriente y luchar por estar seco si mi cuerpo es más agua que otra cosa? En cada célula está escrita la ley de dejarse llevar, de saber que hay un fin y al mismo tiempo un mientras. Los minutos no son algo ajeno a mí, sino que estoy hecho de ellos. Nunca podré saber cuántos tengo, pero sí elegir cómo los vivo.
miércoles 12 de noviembre de 2008
Mi horoscópo de hoy ¡increíblemente acertado!
Yoy may be incredibly frustrated with unexpected roadblocks to career success right now, but any trouble you encounter may be needed to shock you into making changes. You really do need to think about the value of education enhancement, or about taking a business trip you have been putting off.
domingo 19 de octubre de 2008
Bajo Juárez
Después de ver este documental siento mucha rabia. Independientemente de si han disminuido la cantidad de mujeres asesinadas en esta ciudad del norte de México, es un hecho que esos crímenes continúan después de casi 15 años, con alrededor de 470 víctimas. Algunas autoridades, como ya es costumbre, afirman que cumplieron su labor, en vez de aceptar que todavía hay muchos asuntos pendientes.
Se supone que los periodistas debemos tener una visión objetiva de cualquier asunto, y darle voz a las dos partes. Eso da veracidad a la información presentada, aporta más datos y en cierta medida sirve para mostrar que uno no está ni de un lado ni del otro, que se muestra la información tal cual es.
Sin embargo, como no somos máquinas, y al investigar sobre un asunto en el que hay dos partes en conflicto muchas veces se descubre que una de las dos miente u oculta información, es inevitable inclinarse por uno de los dos lados. Entonces es inevitable apoyarla con investigaciones y exposición de información que haga su problema más público, que más gente se entere para que no les pase a ellos tampoco y también para que alguien pueda ayudarlos.
Recomiendo ampliamente ver este documental para sensibilizarnos con la situación de las madres que han perdido a sus hijas, los hombres a mujeres y los niños a sus madres. Creo que verlo no solamente contribuye a sensibilizar sobre ese asunto en particular, sino también sobre muchos otros temas que vemos a diario y que incluso están más cerca de los habitantes del DF.
Se supone que los periodistas debemos tener una visión objetiva de cualquier asunto, y darle voz a las dos partes. Eso da veracidad a la información presentada, aporta más datos y en cierta medida sirve para mostrar que uno no está ni de un lado ni del otro, que se muestra la información tal cual es.
Sin embargo, como no somos máquinas, y al investigar sobre un asunto en el que hay dos partes en conflicto muchas veces se descubre que una de las dos miente u oculta información, es inevitable inclinarse por uno de los dos lados. Entonces es inevitable apoyarla con investigaciones y exposición de información que haga su problema más público, que más gente se entere para que no les pase a ellos tampoco y también para que alguien pueda ayudarlos.
Recomiendo ampliamente ver este documental para sensibilizarnos con la situación de las madres que han perdido a sus hijas, los hombres a mujeres y los niños a sus madres. Creo que verlo no solamente contribuye a sensibilizar sobre ese asunto en particular, sino también sobre muchos otros temas que vemos a diario y que incluso están más cerca de los habitantes del DF.
domingo 12 de octubre de 2008
11 de octubre de 2008, el día que volví a nacer
Siempre me he considerado una personas muy responsable, precavida y exageradamente cívica, sin embargo ayer comprobé que las cosas a veces no funcionan como uno quiere y que a pesar de los problemas, tengo una suerte enorme y que quizás, efectivamente, mi nombre significa "protegido de Dios".
Iba en el carril de alta de Periférico, dirección sur-norte pasando la Feria, cuando de pronto al salir de una vuelta, veo que el auto frente a mí se para. Yo conservaba cierta distancia pero cuando frené mi carro patinó y se fue a la derecha. Al estilo de una película de acción escuché rechinar las llantas al contacto con el pavimento, di dos vueltas 'trompos' (y por más que trataba de controlar el carro este no me respondía) y la danza terminó hasta que choqué con el costado derecho frontal del carro que estaba en el carril derecho.
Quedé en sentido contrario a la circulación, viendo la cara de la muchacha que iba manejando el auto al que le di. Todos los demás carros se quedaron parados y solamente escuchaba el sonido de los vehículos que iban del otro lado del Periférico. El sonido del trancazo contra el Ford Focus al que le di fue el como el corte y queda de una película, aunque esta vez no hubo aplausos.
Con la llanta doblada alcancé a meter reversa, dar la vuelta y pegarme a la derecha. Llamé al seguro y me bajé a preguntarle a la muchacha y a las otras personas que iban con ella si estaban bien. Ellas más bien me preguntaron si yo estaba bien. Imagino cómo debe haber estado mi cara. Era tanto mi nerviosismo que no entendía lo que decían un par de personas que se pararon para saber si necesitábamos ayuda. Escuchaba lo que decían pero no entendía.
Lllegaron mis ajustadores, la otra persona no tenía seguro, y cuando les expliqué cómo había ocurrido todo se sorprendieron porque a pesar de cómo había estado la situación, a mi carro no le había pasado mucho y al de la otra chica tampoco. De hecho ella ya me lo había dicho antes: "de los males, este fue el menor". Cuando entrego todos mis papeles (seguro, tarjeta de circulación, credencia de elector) me piden la licencia, y el normalmente responsable Eythel se da cuenta que no la llevaba. El ajustador me dijo que la necesitaba para poder ayudarme. Afortunadamente mi querida amiga Laura fue a mi casa, la buscó, la encontró y me la llevó al lugar de los hechos. Mi frustración era enorme porque ¿cómo a mí, el señor previsión y organización, se le había quedado la licencia en casa y justo en un momento así?
Ya con licencia en mano llamaron a la grúa y como ya llevábamos esperando hora y media, el ajustador volvió a comunicarse para reclamar. A la media hora aparecieron dos grúas, pero como no les explicaron bien ¡las dos aparecieron por la lateral! Seguimos esperando porque alguna de esas dos grúas tenía que dar la vuelta hasta Observatorio para poder entrar al Periférico. Me sentí muy nervioso, porque además de todo el desastre y el tráfico que se generó, aparecieron dos policías -y justo en el momento en que yo estaba esperando la licencia. Ellos pensaron que yo trabajaba en la Embajada de Cuba porque en la puerta de la cajuela tengo pegado un escudo de Cuba. Y además, porque del espejo retrovisor del carro de mi amiga cuelga una bandera cubana. "¡Qué ágiles son estos policías, se dan cuenta de todo!", pensé primero, pero luego me di cuenta que eran chismosos mas no sabían que si yo trabajaba en la embajada debería tener placa diplomática, y además, no andaría en un Chevy.
Durante la espera de la grúa me di cuenta que hay personas muy inconscientes. Unos tumbaron las señales de alerta que puse para indicar que había pasado algo, otros me gritaban "estorbo", "lárgate", "chinga tu madre", unos guardaespaldas me hicieron la señal de huevos, en fin. También vi pasar a una muchacha a la que habíamos hecho un reportaje en la sección y al cantante de Rebelde Christopher Uckermann. Me di cuenta que el Periférico es un centro de negoocio importante. Además de laos vendedores de pistaches y refrescos, pasan grúas e incluso hay mecánicos que dan vueltas en sus vochitos para saber si los autos parados necesitan ayuda.
Músculos tensos de la espalda, un moretón en un muslo y el cuello rojo porque el sol me quemó la piel fueron las lesiones físicas que me quedaron. No sé aún cuánto vaya a costar la reparación. Pero me siento contento de seguir vivo y bien, que ningún otro auto me haya pegado y de no haber causado una carambola. Como no tengo lesiones visibles me siento raro, como si no hubiera pasado algo. Aunque de un momento a otro recuerdo las imágenes del movimiento. Soy afortunado de seguir con vida. Tengo que aprovecharla, manejar más despacio y olvidar las preocupaciones económicas que me agobiaban cuando iba manejando rumbo a la exposición, que por cierto, cierra pasado mañana.
Iba en el carril de alta de Periférico, dirección sur-norte pasando la Feria, cuando de pronto al salir de una vuelta, veo que el auto frente a mí se para. Yo conservaba cierta distancia pero cuando frené mi carro patinó y se fue a la derecha. Al estilo de una película de acción escuché rechinar las llantas al contacto con el pavimento, di dos vueltas 'trompos' (y por más que trataba de controlar el carro este no me respondía) y la danza terminó hasta que choqué con el costado derecho frontal del carro que estaba en el carril derecho.
Quedé en sentido contrario a la circulación, viendo la cara de la muchacha que iba manejando el auto al que le di. Todos los demás carros se quedaron parados y solamente escuchaba el sonido de los vehículos que iban del otro lado del Periférico. El sonido del trancazo contra el Ford Focus al que le di fue el como el corte y queda de una película, aunque esta vez no hubo aplausos.
Con la llanta doblada alcancé a meter reversa, dar la vuelta y pegarme a la derecha. Llamé al seguro y me bajé a preguntarle a la muchacha y a las otras personas que iban con ella si estaban bien. Ellas más bien me preguntaron si yo estaba bien. Imagino cómo debe haber estado mi cara. Era tanto mi nerviosismo que no entendía lo que decían un par de personas que se pararon para saber si necesitábamos ayuda. Escuchaba lo que decían pero no entendía.
Lllegaron mis ajustadores, la otra persona no tenía seguro, y cuando les expliqué cómo había ocurrido todo se sorprendieron porque a pesar de cómo había estado la situación, a mi carro no le había pasado mucho y al de la otra chica tampoco. De hecho ella ya me lo había dicho antes: "de los males, este fue el menor". Cuando entrego todos mis papeles (seguro, tarjeta de circulación, credencia de elector) me piden la licencia, y el normalmente responsable Eythel se da cuenta que no la llevaba. El ajustador me dijo que la necesitaba para poder ayudarme. Afortunadamente mi querida amiga Laura fue a mi casa, la buscó, la encontró y me la llevó al lugar de los hechos. Mi frustración era enorme porque ¿cómo a mí, el señor previsión y organización, se le había quedado la licencia en casa y justo en un momento así?
Ya con licencia en mano llamaron a la grúa y como ya llevábamos esperando hora y media, el ajustador volvió a comunicarse para reclamar. A la media hora aparecieron dos grúas, pero como no les explicaron bien ¡las dos aparecieron por la lateral! Seguimos esperando porque alguna de esas dos grúas tenía que dar la vuelta hasta Observatorio para poder entrar al Periférico. Me sentí muy nervioso, porque además de todo el desastre y el tráfico que se generó, aparecieron dos policías -y justo en el momento en que yo estaba esperando la licencia. Ellos pensaron que yo trabajaba en la Embajada de Cuba porque en la puerta de la cajuela tengo pegado un escudo de Cuba. Y además, porque del espejo retrovisor del carro de mi amiga cuelga una bandera cubana. "¡Qué ágiles son estos policías, se dan cuenta de todo!", pensé primero, pero luego me di cuenta que eran chismosos mas no sabían que si yo trabajaba en la embajada debería tener placa diplomática, y además, no andaría en un Chevy.
Durante la espera de la grúa me di cuenta que hay personas muy inconscientes. Unos tumbaron las señales de alerta que puse para indicar que había pasado algo, otros me gritaban "estorbo", "lárgate", "chinga tu madre", unos guardaespaldas me hicieron la señal de huevos, en fin. También vi pasar a una muchacha a la que habíamos hecho un reportaje en la sección y al cantante de Rebelde Christopher Uckermann. Me di cuenta que el Periférico es un centro de negoocio importante. Además de laos vendedores de pistaches y refrescos, pasan grúas e incluso hay mecánicos que dan vueltas en sus vochitos para saber si los autos parados necesitan ayuda.
Músculos tensos de la espalda, un moretón en un muslo y el cuello rojo porque el sol me quemó la piel fueron las lesiones físicas que me quedaron. No sé aún cuánto vaya a costar la reparación. Pero me siento contento de seguir vivo y bien, que ningún otro auto me haya pegado y de no haber causado una carambola. Como no tengo lesiones visibles me siento raro, como si no hubiera pasado algo. Aunque de un momento a otro recuerdo las imágenes del movimiento. Soy afortunado de seguir con vida. Tengo que aprovecharla, manejar más despacio y olvidar las preocupaciones económicas que me agobiaban cuando iba manejando rumbo a la exposición, que por cierto, cierra pasado mañana.
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